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19.3.11

BASTA DE IMPUNIDAD, NO ES PASION ES UN CRIMEN




Hoy queremos estar presentes a través de nuestras voces para manifestar el repudio actual del femicidio que padecen las mujeres victimas de violencia de género ya que sus voces no se pueden escuchar.
¿Que entendemos por “crimen pasional”?: Al homicidio cometido entre marido y mujer, concubina y concubino, novio y novia, parejas anteriores, amantes, etc. Hoy en la Argentina, en el 78% de las veces estos homicidios son cometidos por los hombres contra las mujeres. Esta concepción de “crimen pasional” está sostenida y reproducida por los medios de comunicación masiva.Generalmente, los adjetivos calificativos que en periodismo acompañan a los sustantivos “crimen” y “delito”, suelen ser aclaratorios de la índole del mismo: por ejemplo, “crimen político” o “delito económico”. En el caso del crimen o delito “pasional”, ocurre todo lo contrario. No se nombra la finalidad del crimen, como en los supuestos nombrados en el párrafo anterior. Se elige un adjetivo que esconde los verdaderos motivos de su comisión. En una pareja no resulta normal la culminación de la relación con la eliminación de uno de sus miembros, dicho de otro modo, no es resultado necesario, previsto, normal, ni aceptable, que una relación amorosa culmine con la aniquilación de la vida, en la abrumadora mayoría de los casos, de la mujer. Sin embargo, el calificativo de “pasional” colocado junto al de “crimen” lleva a pensar en la pasión con mayor fuerza que en el crimen. Esto es aberrante y debemos entre todas colaborar para vivir una vida sin violencia y respetando nuestros derechos. De todos los crímenes que se cometen, el “pasional” resulta premiado con la justificación más amplia, detrás del desenlace letal se coloca a la mujer en un dudoso papel, que por incierto, se transforma en “sospechosa” de haber provocado el ataque que hizo al sujeto “perder la cordura”. Los medios de comunicación, reproducen inmediatamente el reporte con el calificativo, y al ser catalogados como “pasionales” también por las autoridades judiciales, y por la sociedad en su conjunto, dejan entendido que todo está suficientemente claro y explícito. Se reconoce inmediatamente al crimen pasional como característico por la saña con que se comete, y la indefensión de la víctima, que conocía bien al sujeto. Se piensa que el homicida no representa ningún peligro social y se le debe considerar de manera benigna, casi como si fuera la víctima (invirtiendo la carga de la prueba y vulnerando todos los derechos humanos de las víctimas)Los episodios de violencia contra la mujer no tienen otra historia válida que la propia historia personal del agresor. El acto violento expresa la presunción de legitimidad de quien lo ejerce.Al decir que el asesino mató, pero hubo pasión, se morigera el impacto del crimen. Se atenúa, hasta se diluye. Se tiende a reforzar falsos mitos referidos a la violencia: “Si se queda es por que le gusta”, “Algo le habrá hecho” o “Hay amores que matan”La “alta carga emocional” lo acerca de inmediato a la “emoción violenta”, circunstancia que permite reducir la pena cuando se juzga dicho delito y con ello, la producción de la impunidad. Y luego, la perpetuación de la violencia sin castigo, permitida, casi alentada, exculpada por la sociedad. Si es “la pasión” la que lleva a matar, el hecho es más tolerable para la sociedad, es decir, es más tolerable el discurso que busca esconder esta violencia. Para no verla, para no hacerla explícita. “La persona muerta deja de existir... El criminal usurpa la compasión que merece la víctima, y se roba el público de la víctima, junto con su vida” (Willard Gaylin) Detrás de este ocultamiento se puede entrever el interés que lo sustenta: “La violencia es el arma por excelencia del patriarcado. Ni la religión, ni la educación, ni las leyes, ni las costumbres ni ningún otro mecanismo habría conseguido la sumisión histórica de las mujeres si todo ello no hubiese sido reforzado con violencia”Por eso es momento de hablar, concientizar y prevenir y despejar esta oscuridad y esta negación. Qué les decimos a las mujeres que viven la realidad de violencia en sus hogares, si seguimos hablando de ¿“crímenes pasionales”? Recordemos que el hombre violento crea en la realidad de la víctima el sentimiento de que él la golpea porque “la ama demasiado”. Golpea, y luego pide perdón, se arrepiente. Le dice y le “demuestra” “cuánto la ama”. En una situación repetida una y otra vez, la violencia vuelve a emerger, y vuelve a castigar. Ese denominado “círculo de la violencia” (golpe-arrepentimiento-luna de miel-golpe) sólo se corta si hay un cambio cultural, social, jurídico y político. Decir violencia contra la mujer, decir hombre golpeador, decir asesino, no es lo mismo que decir “criminal apasionado”. Por el contrario, expresarlo de semejante forma es protegerlo, disculparlo, abonar el terreno para la próxima víctima.”. Si la justicia estuviese a la altura de las circunstancias esto permitiría que la gran mayoría de los femicidios no queden impunes, siendo condenados con la veracidad de los hechos. Esta acción positiva de impartir justicia implicaría a largo o mediano plazo el develamiento de los mitos que en relación a la violencia de género aún están vigentes en la sociedad.Para no perpetuar una realidad que requiere urgentemente cambios es que el Centro de la Mujer de Vicente López a través de su equipo de profesionales con sus herramientas teórico-prácticas, propone hablar a viva voz sobre esto y ofrece a todas las mujeres victimas de violencia de género un espacio de contención y asesoramiento la propuesta es hablar de este tipo de violencia en su real dimensión. Es hablar de las posibilidades que tienen las mujeres de salir de esa situación y poder hacer valer sus derechos.Centro de la mujer de Vicente LópezLic. en Psicología Social Liliana CuraAbogada Silvia Paola Viqueira

19.4.10

FUE ÉL Y FUIMOS NOSOTROS Y NOSOTRAS

Los hechos son conocidos y no hace falta entrar mucho en detalles: un tipo (boxeador y campeón: en esta sociedad prácticamente inimputable, es un heróe) golpea sin parar a su mujer y amenaza a su familia durante diez años. Siendo un tipo famoso, todos (fiscalía, CICPC, el tribunal, las organizaciones sociales de todo tipo) sabemos lo que pasa por las crónicas de los diarios. Hasta que un buen día la mata y luego – ahora ya si en la cárcel – aparentemente se suicida. En resumen: el asesino avisó que la iba a matar, la mató, y nosotros no hicimos un carajo. Ni una proclama, ni una queja, ni una denuncia, ni un carajo.

El problema de la vida privada es que se le priva de justicia a las victimas de esos pequeños grandes infiernos, sobretodo si son mujeres, niños, niñas y ancianos.
No es una cuestión de derechos, es una cuestión de justicia social.

No solo se trata de la justicia rancia burguesa solo destinada a mantener el estado de cosas vigente. Nosotros, el campo popular, tenemos un serio problema: el triunfalismo nos impide ver lo podridos que estamos, capaces de consentir en silencio hasta la peor de las injusticias cuando los y las que la sufren son las minorías y no “el sujeto revolucionario” (lo que sea que eso signifique, a quien sea que así se denomine).

Lo cierto es que el problema del patriarcado, pilar indiscutido y silencioso del capitalismo, no es un tema prioritario de quienes en Venezuela nos decimos socialistas con golpes en el pecho. La verdad es que si quienes sufren son las mujeres golpeadas en el ámbito de lo privado –privado de la justicia-, o los pueblos originarios despojados de sus tierras, o los inmigrantes ilegales, o los transformistas, nos importa un culo. Al menos seamos sinceros, así como decimos: “Viva Chávez”, “Viva la clase trabajadora”, “Viva Latinoamérica unida”, digamos también “Me importa un culo la violencia domestica”. Al menos serviría para ver nuestros limites, que tan corto vamos a llegar en la construcción del socialismo, que no reconoce sus mas oscuros secretos: La misoginia,.

Si decidimos no hacerlo, empecemos a cuestionar nuestros pensamientos más íntimos y nuestras prácticas mas “privadas” con respecto a la división sexual del trabajo, al amor, al sexo, a nuestra Madre Tierra, a la crianza, a todo pues, que realmente no son privadas, están esculpidas por el poder publico.

Si decidimos no hacerlo aprendamos las razones por las cuales el capitalismo no puede existir sin la opresión de la mujer y por las cuales el socialismo no puede nacer y sostenerse sin un movimiento feminista fuerte, conciente y combativo.

Si decidimos no hacerlo, las y los militantes socialistas debemos aprender que hay cosas que no se las podemos dejar al Estado, ni a los que trabajan en el. Podemos y debemos, si, reclamarles, exhortarlos y hasta obligarlos que respeten las leyes que amparan a las víctimas de la violencia doméstica. Podemos y debemos pedir un marco jurídico mucho mas completo y acordes a los tiempos que corren. Pero debemos empezar a ejercer la justicia, si no, nunca seremos capaces de construir una sociedad que no dependa complacientemente de un tecnócrata despreciable como los que ignoraron a los familiares de Jennifer Carolina Viera (“de” Nadie) ¿Estamos condenados a rogarle a la burguesía del poder judicial que falle a favor de reivindicaciones que atentan contra sus intereses de clase y de género? ¿Podemos seguir callados en cada caso que aparezca en los diarios, sin denunciar, sin analizar, si enojarnos al menos? ¿Por qué no podemos hacer como las Bartolinas en Bolivia y caerle directamente a palos a todos los hombres golpeadores de nuestra comunidad, por ejemplo?

No se trata de discutir lo que se hizo en nuestro proceso revolucionario al respecto, se trata de ver lo que nos falta, y es casi todo. Este no es un llamado al anarquismo, es un llamado – uno mas - a la rebeldía para salvar la revolución socialista de la burguesía de franela roja. A construirnos como hombres y mujeres nuevas, si es que somos tan valientes pues.

Si alguien que lea esto sabe de alguna organización o individualidad que se pronuncio por favor hacerlo saber.