El Proyecto Justicia y Vida envia:
Sábado 17 de abril de 2010
Los/as abajo firmantes: Intelectuales, Artistas y Activistas de la Paz, desde diferentes lugares del mundo, ante los últimos acontecimientos que se han suscitado en la República de Colombia, contra la vida de la Senadora Piedad Córdoba, manifiéstanos:
Nuestro rechazo a las acusaciones formuladas por la Procuraduría General de Colombia contra la senadora PIEDAD CÓRDOBA RUIZ el día 13 de abril de 2010, según las cuales la senadora tendría vínculos con la organización de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), más allá de lo razonable en las gestiones realizadas en la mediación con este grupo armado para la liberación de varios militares retenidos.
Las gestiones humanitarias han permitido la liberación de políticos y miembros de la fuerza pública, han sido de cara al país, con el aval del Gobierno Nacional y el acompañamiento del Comité Internacional de la Cruz Roja, la Iglesia Católica, países vecinos y medios de comunicación, lo que hace de este actuar un compromiso con la transparencia.
La senadora Piedad Córdoba quien, con un alto costo personal y político, asumió un papel determinante para lograr la libertad de varios de ellos y promover entre el Gobierno, las Farc y la misma sociedad civil la necesidad de lograr un Acuerdo Humanitario y la salida negociada al conflicto armado.
Apoyamos decididamente la lucha de la senadora y su organización, colombianas y colombianos por la Paz, en la defensa de la Paz, y la salida negociada al conflicto armado que vive Colombia
22.4.10
19.4.10
FUE ÉL Y FUIMOS NOSOTROS Y NOSOTRAS
Los hechos son conocidos y no hace falta entrar mucho en detalles: un tipo (boxeador y campeón: en esta sociedad prácticamente inimputable, es un heróe) golpea sin parar a su mujer y amenaza a su familia durante diez años. Siendo un tipo famoso, todos (fiscalía, CICPC, el tribunal, las organizaciones sociales de todo tipo) sabemos lo que pasa por las crónicas de los diarios. Hasta que un buen día la mata y luego – ahora ya si en la cárcel – aparentemente se suicida. En resumen: el asesino avisó que la iba a matar, la mató, y nosotros no hicimos un carajo. Ni una proclama, ni una queja, ni una denuncia, ni un carajo.
El problema de la vida privada es que se le priva de justicia a las victimas de esos pequeños grandes infiernos, sobretodo si son mujeres, niños, niñas y ancianos.
No es una cuestión de derechos, es una cuestión de justicia social.
No solo se trata de la justicia rancia burguesa solo destinada a mantener el estado de cosas vigente. Nosotros, el campo popular, tenemos un serio problema: el triunfalismo nos impide ver lo podridos que estamos, capaces de consentir en silencio hasta la peor de las injusticias cuando los y las que la sufren son las minorías y no “el sujeto revolucionario” (lo que sea que eso signifique, a quien sea que así se denomine).
Lo cierto es que el problema del patriarcado, pilar indiscutido y silencioso del capitalismo, no es un tema prioritario de quienes en Venezuela nos decimos socialistas con golpes en el pecho. La verdad es que si quienes sufren son las mujeres golpeadas en el ámbito de lo privado –privado de la justicia-, o los pueblos originarios despojados de sus tierras, o los inmigrantes ilegales, o los transformistas, nos importa un culo. Al menos seamos sinceros, así como decimos: “Viva Chávez”, “Viva la clase trabajadora”, “Viva Latinoamérica unida”, digamos también “Me importa un culo la violencia domestica”. Al menos serviría para ver nuestros limites, que tan corto vamos a llegar en la construcción del socialismo, que no reconoce sus mas oscuros secretos: La misoginia,.
Si decidimos no hacerlo, empecemos a cuestionar nuestros pensamientos más íntimos y nuestras prácticas mas “privadas” con respecto a la división sexual del trabajo, al amor, al sexo, a nuestra Madre Tierra, a la crianza, a todo pues, que realmente no son privadas, están esculpidas por el poder publico.
Si decidimos no hacerlo aprendamos las razones por las cuales el capitalismo no puede existir sin la opresión de la mujer y por las cuales el socialismo no puede nacer y sostenerse sin un movimiento feminista fuerte, conciente y combativo.
Si decidimos no hacerlo, las y los militantes socialistas debemos aprender que hay cosas que no se las podemos dejar al Estado, ni a los que trabajan en el. Podemos y debemos, si, reclamarles, exhortarlos y hasta obligarlos que respeten las leyes que amparan a las víctimas de la violencia doméstica. Podemos y debemos pedir un marco jurídico mucho mas completo y acordes a los tiempos que corren. Pero debemos empezar a ejercer la justicia, si no, nunca seremos capaces de construir una sociedad que no dependa complacientemente de un tecnócrata despreciable como los que ignoraron a los familiares de Jennifer Carolina Viera (“de” Nadie) ¿Estamos condenados a rogarle a la burguesía del poder judicial que falle a favor de reivindicaciones que atentan contra sus intereses de clase y de género? ¿Podemos seguir callados en cada caso que aparezca en los diarios, sin denunciar, sin analizar, si enojarnos al menos? ¿Por qué no podemos hacer como las Bartolinas en Bolivia y caerle directamente a palos a todos los hombres golpeadores de nuestra comunidad, por ejemplo?
No se trata de discutir lo que se hizo en nuestro proceso revolucionario al respecto, se trata de ver lo que nos falta, y es casi todo. Este no es un llamado al anarquismo, es un llamado – uno mas - a la rebeldía para salvar la revolución socialista de la burguesía de franela roja. A construirnos como hombres y mujeres nuevas, si es que somos tan valientes pues.
Si alguien que lea esto sabe de alguna organización o individualidad que se pronuncio por favor hacerlo saber.
El problema de la vida privada es que se le priva de justicia a las victimas de esos pequeños grandes infiernos, sobretodo si son mujeres, niños, niñas y ancianos.
No es una cuestión de derechos, es una cuestión de justicia social.
No solo se trata de la justicia rancia burguesa solo destinada a mantener el estado de cosas vigente. Nosotros, el campo popular, tenemos un serio problema: el triunfalismo nos impide ver lo podridos que estamos, capaces de consentir en silencio hasta la peor de las injusticias cuando los y las que la sufren son las minorías y no “el sujeto revolucionario” (lo que sea que eso signifique, a quien sea que así se denomine).
Lo cierto es que el problema del patriarcado, pilar indiscutido y silencioso del capitalismo, no es un tema prioritario de quienes en Venezuela nos decimos socialistas con golpes en el pecho. La verdad es que si quienes sufren son las mujeres golpeadas en el ámbito de lo privado –privado de la justicia-, o los pueblos originarios despojados de sus tierras, o los inmigrantes ilegales, o los transformistas, nos importa un culo. Al menos seamos sinceros, así como decimos: “Viva Chávez”, “Viva la clase trabajadora”, “Viva Latinoamérica unida”, digamos también “Me importa un culo la violencia domestica”. Al menos serviría para ver nuestros limites, que tan corto vamos a llegar en la construcción del socialismo, que no reconoce sus mas oscuros secretos: La misoginia,.
Si decidimos no hacerlo, empecemos a cuestionar nuestros pensamientos más íntimos y nuestras prácticas mas “privadas” con respecto a la división sexual del trabajo, al amor, al sexo, a nuestra Madre Tierra, a la crianza, a todo pues, que realmente no son privadas, están esculpidas por el poder publico.
Si decidimos no hacerlo aprendamos las razones por las cuales el capitalismo no puede existir sin la opresión de la mujer y por las cuales el socialismo no puede nacer y sostenerse sin un movimiento feminista fuerte, conciente y combativo.
Si decidimos no hacerlo, las y los militantes socialistas debemos aprender que hay cosas que no se las podemos dejar al Estado, ni a los que trabajan en el. Podemos y debemos, si, reclamarles, exhortarlos y hasta obligarlos que respeten las leyes que amparan a las víctimas de la violencia doméstica. Podemos y debemos pedir un marco jurídico mucho mas completo y acordes a los tiempos que corren. Pero debemos empezar a ejercer la justicia, si no, nunca seremos capaces de construir una sociedad que no dependa complacientemente de un tecnócrata despreciable como los que ignoraron a los familiares de Jennifer Carolina Viera (“de” Nadie) ¿Estamos condenados a rogarle a la burguesía del poder judicial que falle a favor de reivindicaciones que atentan contra sus intereses de clase y de género? ¿Podemos seguir callados en cada caso que aparezca en los diarios, sin denunciar, sin analizar, si enojarnos al menos? ¿Por qué no podemos hacer como las Bartolinas en Bolivia y caerle directamente a palos a todos los hombres golpeadores de nuestra comunidad, por ejemplo?
No se trata de discutir lo que se hizo en nuestro proceso revolucionario al respecto, se trata de ver lo que nos falta, y es casi todo. Este no es un llamado al anarquismo, es un llamado – uno mas - a la rebeldía para salvar la revolución socialista de la burguesía de franela roja. A construirnos como hombres y mujeres nuevas, si es que somos tan valientes pues.
Si alguien que lea esto sabe de alguna organización o individualidad que se pronuncio por favor hacerlo saber.
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feminicidio,
misogina,
revolución
6.4.10
PAULO FREIRE Y SU REFLEXION SOBRE EL LENGUAJE MACHISTA.

Pedagogía de la Esperanza
Paulo Freire
(...) Entre las responsabilidades que me propone escribir, hay una que siempre asumo. La de –viviendo ya mientras escribo la coherencia entre lo que va escribiéndose y lo dicho, lo hecho, lo haciéndose- intensificar la necesidad de esa coherencia a lo largo de la existencia. Pero la coherencia no es inmovilizante: en el proceso de actuar-pensar, hablar-escribir, puedo cambiar de posición. Así mi coherencia, tan necesaria como antes, se hace con nuevos parámetros. Lo imposible para mí es la falta de coherencia, aun reconociendo la imposibilidad de una coherencia absoluta. En el fondo esa cualidad o esa virtud, la coherencia, exige de nosotros la inserción en un permanente proceso de búsqueda, exige paciencia y humildad, virtudes también, en el trato con los demás. Y a veces ocurre que por n razones carecemos de esas virtudes, que son fundamentales para el ejercicio de la otra, la coherencia.
En esta fase de retoma de la Pedagogía, iré tomando aspectos del libro que hayan o no provocado crítica a lo largo de estos años, en el sentido de explicarme mejor, de aclarar ángulo, de afirmar y reafirmar posiciones.
Hablar un poco del lenguaje, del gusto por las metáforas, del cuño machista con que escribí la Pedagogía del Oprimido y antes Educación como práctica de la libertad, me parece no sólo importante sino necesario.
Empezaré precisamente por el lenguaje machista que marca todo el libro y mi deuda con un sinnúmero de mujeres estadounidenses que me escribieron desde diferentes zonas de Estados Unidos entre fines de 1970 y comienzos de 1971, algunos meses después de la aparición de la primera edición del libro en Nueva York. Era como si se hubieran puesto de acuerdo para enviar sus cartas críticas, que fueron llegando a mis manos, en Ginebra, durante dos o tres meses, casi sin interrupción.
En general, comentado el libro, lo que les parecía positivo en él y la contribución que aportaba a su lucha, invariablemente hablaban de lo que les parecía una gran contradicción en mí. Es que, decían ellas con sus palabras, al discutir la opresión y la liberación, al criticar con justa indignación las estructuras opresoras, yo usaba sin embargo un lenguaje machista, y por lo tanto discriminatorio, en el que no había lugar para las mujeres. Casi todas las que escribieron citaban un pasaje u otro del libro, como ejemplo el que ahora escojo yo mismo: “De esta manera, profundizando la toma de conciencia de la situación, los hombres se `se apropian` de ella como realidad histórica y, como tal, capaz de ser transformada por ellos”. * Y me preguntaban: “¿Por qué no las mujeres también?”
Recuerdo como si fuera hoy que estaba leyendo las primeras dos o tres cartas que recibí y cómo, condicionado por la ideología machista, reaccioné. Y es importante destacar que, estaba a fines de 1970 y comienzos de 1971, yo ya había vivido intensamente la experiencia de la lucha política, ya tenía cinco o seis años de exilio, ya había leído un mundo de obras serias, y sin embargo al leer las primeras críticas que me llegaban todavía me dije o me repetí lo que me habían enseñando en mi infancia: “Pero cuando digo hombre, la mujer necesariamente está incluida.” En cierto momento de mis tentativas, puramente ideológicas, de justificar ante mi mismo el lenguaje machista que usaba, percibí la mentira o la ocultación de la verdad que había en la afirmación: “Cuando digo hombre, la mujer está incluida” ¿Y por qué los hombres no se sienten incluidos cuando decimos: “Las mujeres están decididas a cambiar el mundo”? Ningún hombre se sentiría incluido en el discurso de ningún orador ni en el texto de ningún autor que dijera: “Las mujeres están decididas a cambiar el mundo.” Del mismo modo que se asombran (los hombres) cuando ante un público casi totalmente femenino, con dos o tres hombres, digo: “Todas ustedes deberían”, etc. Para los hombres presentes, o yo ignoro la sintaxis de la lengua portuguesa o estoy tratando de hacerles un chiste. Lo imposible es que se piensen incluidos en mi discurso. ¿Cómo explicar, a no ser ideológicamente, la regla según la cual si en una sala hay doscientas mujeres y un solo hombre debo decir: “Todos ellos son trabajadores y dedicados”? En verdad, éste no es un problema gramatical, sino ideológico.
En este sentido expresé al comienzo de estos comentarios mi deuda con aquellas mujeres, cuyas cartas desdichadamente perdí también, porque me hicieron ver cuánto tiene el lenguaje de ideología.
Entonces les escribí a todas, una por una, acusando recibo de sus cartas y agradeciendo la excelente ayuda que me habían dado.
Desde entonces me refiero siempre a mujer y hombre, o a los seres humanos. A veces prefiero afear la frase para hacer explícito mi rechazo del lenguaje machista.
Ahora, al escribir Pedagogía de la Esperanza, en la que repienso el alma y el cuerpo de la Pedagogía del Oprimido, pediré a las editoriales que superen su lenguaje machista. Y que no se diga que éste es un problema menor, porque en verdad es un problema mayor. Que no se diga que lo fundamental es el cambio del mundo malvado, su recreación en el sendo de hacerlo menos perverso, y por lo tanto la superación del habla machista es de menor importancia, sobre todo porque las mujeres no son una clase social.
La discriminación de la mujer, expresada y efectuada por el discurso machista y encarnada en prácticas concretas, es una forma colonial de tratarla, incompatible por lo tanto con cualquier posición progresista, de mujer o de hombre, poco importa.
El rechazo de la ideología machista, que implica necesariamente la recreación del lenguaje, es parte del sueño posible a favor del cambio del mundo. Por lo mismo, al escribir o hablar un lenguaje ya no colonial, no lo hago para agradar a las mujeres o desagradar a los hombres, sino para ser coherente con mi opción por ese mundo menos malvado del que hablaba antes. Del mismo modo en que no escribí el libro que ahora revivo para ser simpático a los oprimidos como individuos y como clase también. Lo escribí como tarea política que me pareció mi deber cumplir.
Agréguese que no es puro idealismo no esperar que el mundo cambie radicalmente para ir cambiando el lenguaje. Cambiar el lenguaje es parte del proceso de cambiar el mundo. La relación lenguaje-pensamiento-mundo es una relación dialéctica, procesal, contradictoria. Es claro que la superación del discurso machista, como superación de cualquier discurso autoritario, exige o nos exige la necesidad de, paralelamente al nuevo discurso, democrático, antidiscriminatorio, empeñarnos en prácticas también democráticas.
Lo que no es posible es simplemente hacer el discurso democrático y antidiscriminatorio y tener una práctica colonial.
Paulo Freire
(...) Entre las responsabilidades que me propone escribir, hay una que siempre asumo. La de –viviendo ya mientras escribo la coherencia entre lo que va escribiéndose y lo dicho, lo hecho, lo haciéndose- intensificar la necesidad de esa coherencia a lo largo de la existencia. Pero la coherencia no es inmovilizante: en el proceso de actuar-pensar, hablar-escribir, puedo cambiar de posición. Así mi coherencia, tan necesaria como antes, se hace con nuevos parámetros. Lo imposible para mí es la falta de coherencia, aun reconociendo la imposibilidad de una coherencia absoluta. En el fondo esa cualidad o esa virtud, la coherencia, exige de nosotros la inserción en un permanente proceso de búsqueda, exige paciencia y humildad, virtudes también, en el trato con los demás. Y a veces ocurre que por n razones carecemos de esas virtudes, que son fundamentales para el ejercicio de la otra, la coherencia.
En esta fase de retoma de la Pedagogía, iré tomando aspectos del libro que hayan o no provocado crítica a lo largo de estos años, en el sentido de explicarme mejor, de aclarar ángulo, de afirmar y reafirmar posiciones.
Hablar un poco del lenguaje, del gusto por las metáforas, del cuño machista con que escribí la Pedagogía del Oprimido y antes Educación como práctica de la libertad, me parece no sólo importante sino necesario.
Empezaré precisamente por el lenguaje machista que marca todo el libro y mi deuda con un sinnúmero de mujeres estadounidenses que me escribieron desde diferentes zonas de Estados Unidos entre fines de 1970 y comienzos de 1971, algunos meses después de la aparición de la primera edición del libro en Nueva York. Era como si se hubieran puesto de acuerdo para enviar sus cartas críticas, que fueron llegando a mis manos, en Ginebra, durante dos o tres meses, casi sin interrupción.
En general, comentado el libro, lo que les parecía positivo en él y la contribución que aportaba a su lucha, invariablemente hablaban de lo que les parecía una gran contradicción en mí. Es que, decían ellas con sus palabras, al discutir la opresión y la liberación, al criticar con justa indignación las estructuras opresoras, yo usaba sin embargo un lenguaje machista, y por lo tanto discriminatorio, en el que no había lugar para las mujeres. Casi todas las que escribieron citaban un pasaje u otro del libro, como ejemplo el que ahora escojo yo mismo: “De esta manera, profundizando la toma de conciencia de la situación, los hombres se `se apropian` de ella como realidad histórica y, como tal, capaz de ser transformada por ellos”. * Y me preguntaban: “¿Por qué no las mujeres también?”
Recuerdo como si fuera hoy que estaba leyendo las primeras dos o tres cartas que recibí y cómo, condicionado por la ideología machista, reaccioné. Y es importante destacar que, estaba a fines de 1970 y comienzos de 1971, yo ya había vivido intensamente la experiencia de la lucha política, ya tenía cinco o seis años de exilio, ya había leído un mundo de obras serias, y sin embargo al leer las primeras críticas que me llegaban todavía me dije o me repetí lo que me habían enseñando en mi infancia: “Pero cuando digo hombre, la mujer necesariamente está incluida.” En cierto momento de mis tentativas, puramente ideológicas, de justificar ante mi mismo el lenguaje machista que usaba, percibí la mentira o la ocultación de la verdad que había en la afirmación: “Cuando digo hombre, la mujer está incluida” ¿Y por qué los hombres no se sienten incluidos cuando decimos: “Las mujeres están decididas a cambiar el mundo”? Ningún hombre se sentiría incluido en el discurso de ningún orador ni en el texto de ningún autor que dijera: “Las mujeres están decididas a cambiar el mundo.” Del mismo modo que se asombran (los hombres) cuando ante un público casi totalmente femenino, con dos o tres hombres, digo: “Todas ustedes deberían”, etc. Para los hombres presentes, o yo ignoro la sintaxis de la lengua portuguesa o estoy tratando de hacerles un chiste. Lo imposible es que se piensen incluidos en mi discurso. ¿Cómo explicar, a no ser ideológicamente, la regla según la cual si en una sala hay doscientas mujeres y un solo hombre debo decir: “Todos ellos son trabajadores y dedicados”? En verdad, éste no es un problema gramatical, sino ideológico.
En este sentido expresé al comienzo de estos comentarios mi deuda con aquellas mujeres, cuyas cartas desdichadamente perdí también, porque me hicieron ver cuánto tiene el lenguaje de ideología.
Entonces les escribí a todas, una por una, acusando recibo de sus cartas y agradeciendo la excelente ayuda que me habían dado.
Desde entonces me refiero siempre a mujer y hombre, o a los seres humanos. A veces prefiero afear la frase para hacer explícito mi rechazo del lenguaje machista.
Ahora, al escribir Pedagogía de la Esperanza, en la que repienso el alma y el cuerpo de la Pedagogía del Oprimido, pediré a las editoriales que superen su lenguaje machista. Y que no se diga que éste es un problema menor, porque en verdad es un problema mayor. Que no se diga que lo fundamental es el cambio del mundo malvado, su recreación en el sendo de hacerlo menos perverso, y por lo tanto la superación del habla machista es de menor importancia, sobre todo porque las mujeres no son una clase social.
La discriminación de la mujer, expresada y efectuada por el discurso machista y encarnada en prácticas concretas, es una forma colonial de tratarla, incompatible por lo tanto con cualquier posición progresista, de mujer o de hombre, poco importa.
El rechazo de la ideología machista, que implica necesariamente la recreación del lenguaje, es parte del sueño posible a favor del cambio del mundo. Por lo mismo, al escribir o hablar un lenguaje ya no colonial, no lo hago para agradar a las mujeres o desagradar a los hombres, sino para ser coherente con mi opción por ese mundo menos malvado del que hablaba antes. Del mismo modo en que no escribí el libro que ahora revivo para ser simpático a los oprimidos como individuos y como clase también. Lo escribí como tarea política que me pareció mi deber cumplir.
Agréguese que no es puro idealismo no esperar que el mundo cambie radicalmente para ir cambiando el lenguaje. Cambiar el lenguaje es parte del proceso de cambiar el mundo. La relación lenguaje-pensamiento-mundo es una relación dialéctica, procesal, contradictoria. Es claro que la superación del discurso machista, como superación de cualquier discurso autoritario, exige o nos exige la necesidad de, paralelamente al nuevo discurso, democrático, antidiscriminatorio, empeñarnos en prácticas también democráticas.
Lo que no es posible es simplemente hacer el discurso democrático y antidiscriminatorio y tener una práctica colonial.
1.4.10
La sexualidad y el funcionamiento de la dominación
para entender el origen social del malestar individual
La rebelión de Edipo, II parte
Autoeditado en el 2008
Texto de la contraportada:
Hay dos conceptos para entender la sexualidad: la pulsión del deseo y la capacidad orgásmica del cuerpo humano. Sin deseo, la práctica del sexo no es sexualidad, sino como decía Juan Merelo Barberá, tecnosexología. Sin deseo, los cuerpos no pueden desarrollar su genuina capacidad orgásmica, necesaria para su autorregulación y para su funcionamiento normal. El deseo y el desarrollo de la capacidad orgásmica se producen espontáneamente, no necesitan 'educación'; sólo necesitan que se eliminen las prohibiciones, el Tabú del Sexo. La tecnosexología sí es objeto de educación porque es la practica del sexo sin deseo, o con el deseo inducido con técnicas artificiales; es la practica del sexo de los cuerpos acorazados, educados en la inhibición más o menos sistemática e inconsciente del deseo; las mujeres, en la inhibición del latido del útero, en la desconexión entre la conciencia y el útero.
En el estado de inhibición, las emociones se desconectan de las pulsiones corporales y se convierten en emociones erráticas que producen ansiedad. El conductismo pretende educarnos y 'alfabetizarnos' emocionalmente, sin cuestionar el estado de represión del deseo y el estancamiento de la capacidad orgásmica desde la etapa primal. Pero el 'analfabetismo emocional' no es innato, es precisamente el resultado directo del estado de represión en el que nos socializamos, y al permanente esfuerzo para adaptarnos a la norma de la institución del matrimonio o de la llamada 'pareja de hecho'.
Las emociones brotan del cuerpo para apoyar la implementación de las pulsiones (ya sean eróticas y sexuales, o de defensa, como la ira y la cólera…). Son tan sabias como las pulsiones, y su objeto es facilitar la autorregulación del cuerpo. En una sociedad de sexualidad espontánea, percibiríamos nítidamente el sentido de cada emoción en la autorregulación corporal, así como su conexión con su pulsión correspondiente. Las emociones serían el medio más importante para percibir lo que pasa en cada rincón de los cuerpos autorregulados.
En las sociedades patriarcales del Tabú del Sexo, el acorazamiento produce la pérdida de la transparencia y la desconexión entre la conciencia y las pulsiones, entre la epidermis y las vísceras… La desconexión es la otra cara de la moneda del acorazamiento. La desconexión juega un papel importantísimo para impedir que el deseo recorra el campo social (Deleuze y Guattari). Los seres humanos, además de producir deseos, estamos hechos para percibir y acoger el deseo del otro o de la otra; y para que cuando el deseo del otro o de la otra nos alcance, induzca la producción del nuestro.
La tecnosexología que hace funcionar a las parejas que ya no se desean, y la educación emocional que engaña a las personas sobre su desorden emocional, deben ser denunciadas. El matrimonio o la pareja es un pacto o convenio social que sólo se corresponde con el deseo corporal durante un tiempo limitado. Mientras que no se separe la sexualidad de la institución, la sexualidad seguirá estando corrompida.
Este es el origen social del malestar individual: el Tabú del Sexo asociado a la dominación y a los estados de sumisión, implementados de diversas maneras a lo largo de unos cuatro milenios de dominación patriarcal.
La corrupción de la sexualidad ha sido y es imprescindible para el establecimiento de las relaciones de dominación en general, y entre los sexos en particular: porque la verdadera sexualidad desarrollaría relaciones armónicas entre los sexos y entre las generaciones; porque el amor verdadero es complaciente y se opone a la dominación: nadie podría reprimir o infligir sufrimiento alguno al ser amado; de hecho, las relaciones entre amantes son relaciones de tú a tú (Amparo Moreno Sardá), nunca relaciones jerarquizadas de Autoridad.
La rebelión de Edipo, II parte
Autoeditado en el 2008
Texto de la contraportada:
Hay dos conceptos para entender la sexualidad: la pulsión del deseo y la capacidad orgásmica del cuerpo humano. Sin deseo, la práctica del sexo no es sexualidad, sino como decía Juan Merelo Barberá, tecnosexología. Sin deseo, los cuerpos no pueden desarrollar su genuina capacidad orgásmica, necesaria para su autorregulación y para su funcionamiento normal. El deseo y el desarrollo de la capacidad orgásmica se producen espontáneamente, no necesitan 'educación'; sólo necesitan que se eliminen las prohibiciones, el Tabú del Sexo. La tecnosexología sí es objeto de educación porque es la practica del sexo sin deseo, o con el deseo inducido con técnicas artificiales; es la practica del sexo de los cuerpos acorazados, educados en la inhibición más o menos sistemática e inconsciente del deseo; las mujeres, en la inhibición del latido del útero, en la desconexión entre la conciencia y el útero.
En el estado de inhibición, las emociones se desconectan de las pulsiones corporales y se convierten en emociones erráticas que producen ansiedad. El conductismo pretende educarnos y 'alfabetizarnos' emocionalmente, sin cuestionar el estado de represión del deseo y el estancamiento de la capacidad orgásmica desde la etapa primal. Pero el 'analfabetismo emocional' no es innato, es precisamente el resultado directo del estado de represión en el que nos socializamos, y al permanente esfuerzo para adaptarnos a la norma de la institución del matrimonio o de la llamada 'pareja de hecho'.
Las emociones brotan del cuerpo para apoyar la implementación de las pulsiones (ya sean eróticas y sexuales, o de defensa, como la ira y la cólera…). Son tan sabias como las pulsiones, y su objeto es facilitar la autorregulación del cuerpo. En una sociedad de sexualidad espontánea, percibiríamos nítidamente el sentido de cada emoción en la autorregulación corporal, así como su conexión con su pulsión correspondiente. Las emociones serían el medio más importante para percibir lo que pasa en cada rincón de los cuerpos autorregulados.
En las sociedades patriarcales del Tabú del Sexo, el acorazamiento produce la pérdida de la transparencia y la desconexión entre la conciencia y las pulsiones, entre la epidermis y las vísceras… La desconexión es la otra cara de la moneda del acorazamiento. La desconexión juega un papel importantísimo para impedir que el deseo recorra el campo social (Deleuze y Guattari). Los seres humanos, además de producir deseos, estamos hechos para percibir y acoger el deseo del otro o de la otra; y para que cuando el deseo del otro o de la otra nos alcance, induzca la producción del nuestro.
La tecnosexología que hace funcionar a las parejas que ya no se desean, y la educación emocional que engaña a las personas sobre su desorden emocional, deben ser denunciadas. El matrimonio o la pareja es un pacto o convenio social que sólo se corresponde con el deseo corporal durante un tiempo limitado. Mientras que no se separe la sexualidad de la institución, la sexualidad seguirá estando corrompida.
Este es el origen social del malestar individual: el Tabú del Sexo asociado a la dominación y a los estados de sumisión, implementados de diversas maneras a lo largo de unos cuatro milenios de dominación patriarcal.
La corrupción de la sexualidad ha sido y es imprescindible para el establecimiento de las relaciones de dominación en general, y entre los sexos en particular: porque la verdadera sexualidad desarrollaría relaciones armónicas entre los sexos y entre las generaciones; porque el amor verdadero es complaciente y se opone a la dominación: nadie podría reprimir o infligir sufrimiento alguno al ser amado; de hecho, las relaciones entre amantes son relaciones de tú a tú (Amparo Moreno Sardá), nunca relaciones jerarquizadas de Autoridad.
1.3.10
EN EL MARCO DEL DÍA DE LA RESISTENCIA FEMINISTA (internacional de la Mujer). SE REALIZARAN SIMULTÁNEAMENTE LAS INSTALACIONES DE 2 BASES DE LA PAZ:
*EN RUMICHACA, FRONTERA CON ECUADOR SE INSTALA LA PRIMERA BASE EL DÌA VIERNES 5 DE MARZO
* EN EL PUENTE SIMÓN BOLÍVAR FRONTERA CON VENEZUELA, SE INSTALA EL PRÓXIMO DOMINGO 7 DE MARZO.
ESPERAMOS LA PARTICIPACIÓN DE LAS MUJERES Y HOMBRES VENEZOLANAS/OS y ECUATORIANAS/OS PUES ES UN EVENTO DESDE LA HERMANDAD DE ESTOS DOS PAÍSES RESISTIENDO A LA PROPUESTA IMPERIALISTA GRINGA DE VIOLAR NUESTRA SOBERANÍA EN COLOMBIA, Y ATACAR CON LA VENIA DEL GOBIERNO COLOMBIANO, A NUESTROS PAÍSES VECINOS Y HERMANOS. ESPERAMOS QUE ESTA INICIATIVA JALONADA POR LAS MUJERES DE LA CONFLUENCIA DE MUJERES PARA LA ACCIÓN PUBLICA, AYUDE A DAR RESPUESTAS CONTUNDENTES FRENTE AL TEMA DE LAS BASES NORTEAMERICANAS EN COLOMBIA.
24.2.10
PRIMER CAMPAMENTO DE MUJERES REVOLUCIONARIAS DEL ESTADO ZULIA

Con el fin de articular y fortalecer las luchas de las mujeres en América Latina, Venezuela y más concretamente en el Estado Zulia. El movimiento de mujeres revolucionarias del Estado Zulia, a través del desarrollo del Primer Campamento de mujeres de bases de las distintas organizaciones sociales de este estado, que se realizará en el municipio Machiques de Perijà, los días 26-27-28 de febrero de 2010, donde se trata de integrar en un colectivo de 200 mujeres, los aportes, saberes, haceres y experiencias, desde un sentido más crítico y analítico de la realidad de sus vivencias, reivindicaciones, compromiso y responsabilidad como mujer, con la finalidad de construir una sociedad más justa y humana, que nos lleve a la formación y transformación de una mujer y un hombre nuevos.
*Crear y fortalecer el movimiento revolucionario de mujeres del Estado Zulia.
*Reactivar espacios de encuentro y acciones de mujeres revolucionarias para fortalecer el poder popular, el organizacional desde su participación protagónica en igualdad de condiciones.
*Reflexionar a partir de las experiencias de las mujeres que asistan al campamento sobre la violencia hacia la mujer y la familia, su rol en la formación del hombre y la mujer nueva, así como su participación en la construcción del poder popular.
*Establecer agendas, cronogramas y compromisos de trabajo que implique movilización de las diferentes organizaciones de las mujeres a nivel local, municipal, regional y nacional.
“Por la soberanía de nuestros cuerpos y de nuestros pueblos, hacia la construcción del poder popular”
!Mujeres y hombres luchando en equidad, así se construye Poder Popular!
!Cuando una mujer avanza, ningún hombre retrocede!
!Mi cuerpo es mio y yo decido!
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23.1.10
Mujeres de organizaciones de base comienzan a desnudar el patriarcado en la Venezuela bolivariana
A finales de noviembre pasado, más de trescientas mujeres de organizaciones populares de todo el país se reunieron en Los Caracas (Estado Vargas) para discutir sobre la situación de la mujer y su papel en la construcción del poder popular en Venezuela. Mujeres campesinas, activistas de los Comités de Tierra Urbana, conserjes, inquilinas y militantes de diversos colectivos y grupos de base se atrevieron durante cinco días a hablar de temas, que aun hoy, para muchas de las dirigentes y cuadros medios de la revolución -e incluso para altas funcionarias de gobierno-, son considerados temas tabú o asuntos secundarios dentro de la agenda revolucionaria.
La distribución de tareas dentro de sus propias organizaciones, la invisibilidad del trabajo doméstico, la escasa participación de la mujeres cargos de directivos y de liderazgo, el protagonismo de la mujer en la construcción del hábitat urbano y rural, la desigualdad en la titularidad de tierras, la sexualidad femenina, la interrupción del embarazo, la violencia hacia la mujer y el abuso sexual, fueron algunos de los asuntos tocados en los foros y grupos de trabajo. A partir de reflexiones y discusiones intensas, poco a poco las participantes fueron desnudando y evidenciando como además de la opresión capitalista, las mujeres somos discriminadas, excluidas, oprimidas y agredidas también por nuestra condición de género.
Estos planteamientos, que dentro de círculos feministas podrían parecer ideas elementales, son verdaderos hallazgos identificados colectivamente y con base a experiencias vividas por estas mujeres. Develados luego de reflexionar y batallar contra prejuicios e ilusiones de igualdad. Se trata de avances, en mi opinión, verdaderamente contundentes dentro de una revolución en la que el orden patriarcal permanece intacto. Y más que intacto, innombrado.
La corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora, integrada por el Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora, el Frente Nacional Comunal Simón Bolívar y el Centro de Estudios y Formación Simón Rodríguez; el Movimiento de Pobladoras y Pobladores, conformado por Comités de Tierra Urbana, redes de inquilinos, Campamento de Pioneros y Conserjes Unidos por Venezuela; La Vía Campesina y la Plataforma de Mujeres Revolucionarias por la Legalización del Aborto fueron las organizaciones que convocaron y llevaron adelante este primer encuentro. Por ello, el tema de la construcción de poder popular, la importancia de la fuerza y articulación de los movimientos de base en el devenir de toda revolución, y el papel asignado a las mujeres dentro de ello, fue un tema central dentro del evento.
La propia organización de un evento de esta magnitud, sin el respaldo de ninguna institución del Estado, creo que fue una demostración de que los movimientos de base, organizados y articulados, pueden llevar adelante debates políticos profundos y generar planteamientos autónomos, propositivos y críticos, dentro del proceso revolucionario venezolano.
Cuestionar el machismo presente dentro de las organizaciones e instancias políticas, evidenciado en la desigual distribución de tareas y el ejercicio de cargos directivos, fue el primer paso dado por estas mujeres en las mesas de debate. Dicha discusión condujo a realizar la exigencia, por ejemplo, “de que en todos los procesos electorales del PSUV se cumpla y respete la paridad de participación de hombres y mujeres (50-50)” cosa que no ocurrió en el pasado proceso de elección de Delegados para el Congreso Fundacional.
Para las militantes de las organizaciones participantes, la discriminación y desigualdad de la mujer no es asunto menor dentro de la revolución. Por ello, alzaron la voz dentro de sus colectivos, exigiendo que “además de declararse anticapitalistas y antiimperialistas se declaren antipatriarcales” . Así mismo, plantearon la necesidad de multiplicar espacios de reunión entre mujeres dentro de las propias organizaciones, para generar debates como este, que nunca antes se había siquiera planteado.
La revisión de los lineamientos impulsados por el Gobierno en esta materia, llevó a las participantes a un cuestionar aquellas políticas de corte asistencialista dirigidas a las mujeres, que no apuntan a un real empoderamiento ni a la transformación de relaciones de dominación. Por ello afirman, en su Declaración Final:
“Constatamos que las Misiones que asignan incentivo económico, no están centradas en el objetivo político para el cual fueron creadas. Estas Misiones tienen expresiones de asistencialismo y que están siendo utilizadas como plataforma electoral. ¡EXIJAMOS REVISION INMEDIATA!”.
En virtud de la situación de doble discriminación que viven las mujeres del campo (por ser campesinas y por ser mujeres), se exige al Gobierno Nacional “la prioridad en la titularidad de la tierra a las mujeres cabeza de hogar, y el derecho a gozar de la remuneración del pre y post parto para las mujeres campesinas” . No sé trata de un planteamiento novedoso. Estos están plasmados en el artículo 14 de la Ley de Tierras. Solo que para las mujeres pobres del campo venezolano, hasta el momento han sido letra muerta. Así mismo, se exige “la pronta aprobación de la Reforma de Ley de Regularización de la Tenencia de la Tierra Urbana, introducida en la Asamblea Nacional”.
Por último, en el campamento se hablo de cuerpo, sexualidad, violencia, embarazo no deseado, abuso sexual, interrupción del embarazo. Sin duda los temas más polémicos y ocultos (o más bien ocultados) dentro del régimen discursivo que impone el patriarcado. Régimen que dicta lo de se puede decir y lo que no se puede decir.
En mi opinión, fue el debate más enriquecedor, profundo e intenso del campamento. Las mujeres se atrevieron a hablar de su sexualidad, de sus insatisfacciones, del desconocimiento de su propio cuerpo y sexualidad. A partir de ello plantearon:
“Constatamos la necesidad de abordar el tema del feminismo, la sexualidad y la diversidad sexual, en los espacios formativos de nuestras organizaciones.”
“El sistema educativo nos enseña sobre la maternidad, pero no sobre sexualidad. Exigimos una educación sexual integral, liberadora y revolucionaria.”
“La sexualidad, la maternidad y el aborto deben ser temas de interés público”
Mujeres combativas, de base, revolucionarias, se atrevieron a hablar sin chantajes morales del aborto, del embarazo no deseado, de la manera en que las mujeres pobres son las principales víctimas de la penalización y criminalización del mismo. Y acordaron “Denunciar desde nuestras organizaciones, articuladamente, los maltratos y discutamos políticamente la interrupción segura del embarazo a través de: talleres, charlas, foros y espacios de formación. Cada quien tiene derecho a decidir sobre su cuerpo”
Para estas mujeres, ya es una necesidad “Debatir políticamente y a profundidad el tema de la despenalización y legalización de la interrupción voluntaria del embarazo dentro de nuestras organizaciones, desde una perspectiva de lucha de clases” . Y es una necesidad que esto se convierta en un asunto de debate público. A diez años del inicio del proceso revolucionario, este tema, vital para las mujeres de sectores populares, no puede seguir siendo postergado.
En las organizaciones de base ya se habló, se destapó el tabú, se discutió, se llegó a acuerdos. Habrá que esperar a ver si los cuadros medios y la alta dirigencia del gobierno se aprenden esta vez la lección que las mujeres del movimiento popular les están dando. Por su parte, el movimiento sigue avanzando. Y los encuentros regionales ya comienzan a organizarse.
Ybelice Briceño Linares
Plataforma de Mujeres Revolucionarias por la Legalización del Aborto.
Caracas, enero 2010
La distribución de tareas dentro de sus propias organizaciones, la invisibilidad del trabajo doméstico, la escasa participación de la mujeres cargos de directivos y de liderazgo, el protagonismo de la mujer en la construcción del hábitat urbano y rural, la desigualdad en la titularidad de tierras, la sexualidad femenina, la interrupción del embarazo, la violencia hacia la mujer y el abuso sexual, fueron algunos de los asuntos tocados en los foros y grupos de trabajo. A partir de reflexiones y discusiones intensas, poco a poco las participantes fueron desnudando y evidenciando como además de la opresión capitalista, las mujeres somos discriminadas, excluidas, oprimidas y agredidas también por nuestra condición de género.
Estos planteamientos, que dentro de círculos feministas podrían parecer ideas elementales, son verdaderos hallazgos identificados colectivamente y con base a experiencias vividas por estas mujeres. Develados luego de reflexionar y batallar contra prejuicios e ilusiones de igualdad. Se trata de avances, en mi opinión, verdaderamente contundentes dentro de una revolución en la que el orden patriarcal permanece intacto. Y más que intacto, innombrado.
La corriente Revolucionaria Bolívar y Zamora, integrada por el Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora, el Frente Nacional Comunal Simón Bolívar y el Centro de Estudios y Formación Simón Rodríguez; el Movimiento de Pobladoras y Pobladores, conformado por Comités de Tierra Urbana, redes de inquilinos, Campamento de Pioneros y Conserjes Unidos por Venezuela; La Vía Campesina y la Plataforma de Mujeres Revolucionarias por la Legalización del Aborto fueron las organizaciones que convocaron y llevaron adelante este primer encuentro. Por ello, el tema de la construcción de poder popular, la importancia de la fuerza y articulación de los movimientos de base en el devenir de toda revolución, y el papel asignado a las mujeres dentro de ello, fue un tema central dentro del evento.
La propia organización de un evento de esta magnitud, sin el respaldo de ninguna institución del Estado, creo que fue una demostración de que los movimientos de base, organizados y articulados, pueden llevar adelante debates políticos profundos y generar planteamientos autónomos, propositivos y críticos, dentro del proceso revolucionario venezolano.
Cuestionar el machismo presente dentro de las organizaciones e instancias políticas, evidenciado en la desigual distribución de tareas y el ejercicio de cargos directivos, fue el primer paso dado por estas mujeres en las mesas de debate. Dicha discusión condujo a realizar la exigencia, por ejemplo, “de que en todos los procesos electorales del PSUV se cumpla y respete la paridad de participación de hombres y mujeres (50-50)” cosa que no ocurrió en el pasado proceso de elección de Delegados para el Congreso Fundacional.
Para las militantes de las organizaciones participantes, la discriminación y desigualdad de la mujer no es asunto menor dentro de la revolución. Por ello, alzaron la voz dentro de sus colectivos, exigiendo que “además de declararse anticapitalistas y antiimperialistas se declaren antipatriarcales” . Así mismo, plantearon la necesidad de multiplicar espacios de reunión entre mujeres dentro de las propias organizaciones, para generar debates como este, que nunca antes se había siquiera planteado.
La revisión de los lineamientos impulsados por el Gobierno en esta materia, llevó a las participantes a un cuestionar aquellas políticas de corte asistencialista dirigidas a las mujeres, que no apuntan a un real empoderamiento ni a la transformación de relaciones de dominación. Por ello afirman, en su Declaración Final:
“Constatamos que las Misiones que asignan incentivo económico, no están centradas en el objetivo político para el cual fueron creadas. Estas Misiones tienen expresiones de asistencialismo y que están siendo utilizadas como plataforma electoral. ¡EXIJAMOS REVISION INMEDIATA!”.
En virtud de la situación de doble discriminación que viven las mujeres del campo (por ser campesinas y por ser mujeres), se exige al Gobierno Nacional “la prioridad en la titularidad de la tierra a las mujeres cabeza de hogar, y el derecho a gozar de la remuneración del pre y post parto para las mujeres campesinas” . No sé trata de un planteamiento novedoso. Estos están plasmados en el artículo 14 de la Ley de Tierras. Solo que para las mujeres pobres del campo venezolano, hasta el momento han sido letra muerta. Así mismo, se exige “la pronta aprobación de la Reforma de Ley de Regularización de la Tenencia de la Tierra Urbana, introducida en la Asamblea Nacional”.
Por último, en el campamento se hablo de cuerpo, sexualidad, violencia, embarazo no deseado, abuso sexual, interrupción del embarazo. Sin duda los temas más polémicos y ocultos (o más bien ocultados) dentro del régimen discursivo que impone el patriarcado. Régimen que dicta lo de se puede decir y lo que no se puede decir.
En mi opinión, fue el debate más enriquecedor, profundo e intenso del campamento. Las mujeres se atrevieron a hablar de su sexualidad, de sus insatisfacciones, del desconocimiento de su propio cuerpo y sexualidad. A partir de ello plantearon:
“Constatamos la necesidad de abordar el tema del feminismo, la sexualidad y la diversidad sexual, en los espacios formativos de nuestras organizaciones.”
“El sistema educativo nos enseña sobre la maternidad, pero no sobre sexualidad. Exigimos una educación sexual integral, liberadora y revolucionaria.”
“La sexualidad, la maternidad y el aborto deben ser temas de interés público”
Mujeres combativas, de base, revolucionarias, se atrevieron a hablar sin chantajes morales del aborto, del embarazo no deseado, de la manera en que las mujeres pobres son las principales víctimas de la penalización y criminalización del mismo. Y acordaron “Denunciar desde nuestras organizaciones, articuladamente, los maltratos y discutamos políticamente la interrupción segura del embarazo a través de: talleres, charlas, foros y espacios de formación. Cada quien tiene derecho a decidir sobre su cuerpo”
Para estas mujeres, ya es una necesidad “Debatir políticamente y a profundidad el tema de la despenalización y legalización de la interrupción voluntaria del embarazo dentro de nuestras organizaciones, desde una perspectiva de lucha de clases” . Y es una necesidad que esto se convierta en un asunto de debate público. A diez años del inicio del proceso revolucionario, este tema, vital para las mujeres de sectores populares, no puede seguir siendo postergado.
En las organizaciones de base ya se habló, se destapó el tabú, se discutió, se llegó a acuerdos. Habrá que esperar a ver si los cuadros medios y la alta dirigencia del gobierno se aprenden esta vez la lección que las mujeres del movimiento popular les están dando. Por su parte, el movimiento sigue avanzando. Y los encuentros regionales ya comienzan a organizarse.
Ybelice Briceño Linares
Plataforma de Mujeres Revolucionarias por la Legalización del Aborto.
Caracas, enero 2010
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Soberania de nuestros cuerpos
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